Martín Azúa, diseñador: “El diseño no es un valor añadido, es algo intrínseco”

Eliana Martins

Martín Azúa (www.martinazua.com)

Las creaciones de Martín Azúa, diseñador nacido en Vitoria, aunque reside en Barcelona, ya forman parte de colecciones tan importantes como la permanente del MoMA de Nueva York, del Vitra Design Museum o del Museo de Artes Decorativas de Barcelona. En dardonews nos acercamos a conocer su trabajo, en el que defiende el desarrollo de un diseño útil y justificado.

Profesor en la Escuela Superior de Diseño Elisava (Barcelona), es licenciado en Bellas Artes en la especialidad de Diseño por la Universidad de Barcelona, y también posgraduado en Arquitectura y Diseño de Montajes Efímeros por la Universidad Politécnica de Barcelona. Concibe su área de trabajo como un valor intrínseco en el objeto, no como un extra: el diseño necesita ser reflexivo y cuidado para su optimización.


Con la crisis, ¿el diseño la paga o sale ganando?
Creo que con esta crisis saldremos ganando, porque la situación ya era insostenible. Y el diseño se tiene que reinventar. Tenemos que olvidarnos de esa época en que todo se vendía, en que los objetos se estaban convirtiendo en algo banal, los muebles habían empezado a ser como la ropa, se presentaban las colecciones de temporada. Creo que es una locura. La gente quiere tener cosas que te acompañen durante un tiempo, ¿no?

Sí, de repente, hemos pasado de tener objetos para toda la vida a que sean efímeros.
Sí, de cartón, que te salvan de una situación, pero que cuando tienes las posibilidades de coger algo que te gusta no quieres eso. Pienso que ahora volvemos a una época de calidad, menos y mejor.

Apreciar el objeto.
Por los materiales también. Nos habíamos vuelto un poco locos. Hace cien años los muebles eran de maderas de verdad, y ahora de repente todo era una pura simulación, casi virtual. Todo parecía madera, pero no era madera, eran laminados. En el fondo, en Europa hay cantidad de bosques controlados, y la madera es algo que gana con el tiempo. Una cosa que esté bien hecha, y que tú tengas información de por quién está hecha, qué esfuerzo ha tenido, la aprecias más.

¿Está asentado como demanda el diseño hoy en día, o todavía es considerado como un bien de lujo?
El diseño decíamos hace unos años que daba valor añadido, pero creo que eso es malo para el diseño. El diseño es un valor intrínseco, el diseño no interviene ornamentando o haciendo raros los objetos para que se diga “de diseño”. El diseño interviene desde el principio para hacer que los objetos funcionen bien, que se produzcan de una forma racional, que interviene incluso en el precio de los objetos. El diseño es una herramienta de hacer mejor las cosas, no de hacerlas raras o estrambóticas, como piensa la gente. Yo vengo de Barcelona, donde es inconcebible que una empresa no trabaje con diseñadores. Creo que poco a poco las empresas asumirán que es inevitable, que es un valor diferencial que es muy necesario. Es muy importante a nivel del diseño de los propios productos, pero también a nivel del diseño de las estrategias de comunicación del producto, de venta.

¿Qué buenos hábitos debería tener un buen diseñador?
Bueno, hay muchos perfiles. Tanto en artesanía como en diseño, ser dogmáticos, el diseñador tiene que ser de esta manera... lo bonito es que haya diferentes posturas. Pero ahora, en estos tiempos lo que se busca es un cierto equilibrio, tener argumentos para hacer las cosas.

El diseño se asocia con el ámbito urbano. En cambio, sorprende la presencia de lo verde en tus trabajos. ¿Podemos aplicar el diseño también a este ámbito?
Sí, yo creo que sí. Lo que pasa es que a este ámbito venimos mucho a aprender. Los que venimos de las ciudades sentimos que la ciudad es ya un modelo que está agotado. Ahora, cuando coges las revistas todo son casitas pequeñitas, con energía solar... se está generando como un mito de retorno. De hecho las cosas son valiosas cuando empiezan a escasear, y visto desde la ciudad este entorno se convierte en algo muy apreciado, y creo que esto lo será cada vez más. Sí, creo que todos necesitamos una vuelta a esto que pasa, a este tipo de vida en el que estás más en sintonía con el medio, escuchar los pájaros, el paso del tiempo porque ves el cielo, es algo que en las ciudades lo impide.

Es como reubicarse.
Sí, creo que nos hemos separado demasiado del entorno vivo y natural, y eso nos hace más infelices. Claro que todos no podemos ir al campo, hemos hecho un mundo en el q las ciudades han absorbido a la mayor parte de la población mundial, las ciudades son un auténtico problema, porque son muy grandes y ya hay problemas de abastecimiento, pero irnos todos a vivir al campo con una casita, acabaríamos con el campo también. Por eso, creo que por fin empezamos, yo que vengo de Barcelona, a ver verde en los parques de Barcelona, que eran plazas muy duras, de cemento, muy diseñadas.

Barcelona es probablemente una de las ciudades más agradables para vivir, donde es más fácil aislarse.
Sí, pero en las ciudades va todo muy deprisa... Creo que todos nos imaginamos acabar nuestros días en el campo. Pienso que es una cuestión de tiempo, en estos lugares uno se puede permitir ser más contemplativo. La ciudad es un entorno de acción, de exigencias. El diseño también se mueve por estos in-puts, además que debería ser lo contrario, debería ser muy reflexivo, pero esta vorágine nos lleva a actuar rápido. Realmente necesitamos innovación, pero no el cambio por el cambio. Esta dinámica de que “esto ya no me gusta porque hace algún tiempo que lo tengo”, es ridículo. Sí, cambiar sí, pero para mejorar las cosas. Estoy un poco harto de este fin de siglo, que es ecléctico, y que parece que no nos decidimos a dar el paso de cambio, sino que estamos recuperando y recuperando. Acabó el siglo XX con eclecticismo e inició el XXI con eclecticismo también. Salvo que ahora sí que hay unos componentes un poco étnicos, de vuelta a las cosas que tienen raíces.

¿Cuánto hay de talento y cuánto hay de trabajo en diseño?
En diseño hay que saber que se han hecho unos estudios que situaban las profesiones asociadas al rendimiento, al salario: el diseño está en la última. No os podéis imaginar lo que trabajamos los diseñadores, muchísimo, las cosas que se intentan antes de llegar a resolver el proyecto definitivamente, es un proceso muy laborioso. El concepto “se me ha ocurrido” no existe en diseño. Esa cosa de búsqueda, de intentar, de equivocarse.

Hay mucho más detrás de lo que parece.
Sí. Los diseñadores trabajamos mucho, todos los que conozco.

Cómo es tu método de trabajo: más reflexivo, más papel, más idea...
Cuando trabajas para las empresas el diseño es bastante racional, porque tú lo has de comunicar de una manera eficaz, y esa comunicación se establece a nivel industrial a través de planos, muy estandarizados. Es algo muy ingenieril. Tiene su componente artística quizás en un inicio, tiene esa parcela de imaginar, de pensar, de creatividad, pero luego tienes que dar el paso de lo pensable-posible. Tú puedes imaginar muchas cosas pero realmente al final hay que hacerlas con las tecnologías y materiales que están a tu disposición. Entonces ya empiezas a desarrollar el proyecto, es un trabajo muy profesional.

¿Qué trabajo recuerdas de una manera más especial?
Hay uno que se llamaba La casa básica, lo hice hace diez años, y me ha dado muchas satisfacciones. Era una casa imposible, en la que como decía el lema del proyecto “tenerlo todo sin tener apenas nada”, cabía en un bolsillo. No era una realidad, era un sueño. Pero está en el MoMA de Nueva York, en la colección permanente. Para mí era como un deseo extremo, acababa de salir de estudiar de la universidad, y me gustó pensar que podía cambiar el mundo hasta esos niveles. Ahora he comprendido que no, que no volvería a hacer un proyecto de ese tipo. Claro que podemos cambiar las cosas, pero las personas podemos actuar en una parcela muy limitada. Una pequeña mejora en algo ya es increíble.

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