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HEITOR MARTINS
Mario Gioia
Después de la tormenta, la bonanza. Casi un año después de la 29 Bienal de São Paulo, el presidente de la Fundação Bienal de São Paulo, responsable de una de las exposiciones más importantes y tradicionales del arte contemporáneo en el ámbito mundial, exhibe un semblante tranquilo, mucho más que en sus últimas apariciones oficiales, cuando la muestra estaba en vigencia.
El paulista Heitor Martins, 43 años, recibe en su casa a DARDO, entre obras de Antonio Dias y Sergio Camargo y otros prestigiosos nombres del arte brasileño. En la entrevista, traza un balance positivo de la 29 edición, revela metas para eventos futuros, al tiempo que comenta la fuerte inserción actual de nombres brasileños en el circuito internacional del arte.
Elegido por unanimidad para otros dos años de presidencia en diciembre, el socio-director de la consultoría financiera McKinsey ratifica la buena acogida que tuvo en el medio institucional brasileño del arte, que lo saluda como un buen gestor. Eso se explica porque cuando asumió su primer mandato, en mayo de 2009, la Fundación Bienal se encontraba en una grave crisis financiera y de administración, con deudas acumuladas, negativa de consejeros a liderar una recuperación institucional y ambiente cargado de dudas sobre la viabilidad de realización de la muestra en 2010. A continuación, los principales fragmentos de la entrevista.
DARDO / ¿Cuál fue la situación encontrada por usted al asumir la presidencia de la Fundación Bienal?
Heitor Martins / Nosotros fuimos elegidos en mayo de 2009. Era un momento bastante agitado en la vida de la Fundación, que tiene sesenta años de trayectoria. Fue creada en 1951 como la segunda Bienal –antes de ella solo existía Venecia. A lo largo de esos sesenta años, pasó por varios ciclos de altos y bajos. Los años cincuenta, fueron un período excepcional, los años sesenta también, pero después vino el golpe militar, una época tumultuosa en Brasil. Al final de los años ochenta y comienzos de los noventa, hubo un ciclo de expansión muy positivo, una serie de grandes Bienales. En esa nueva década, de 2000, volvió a tener un período agitado. Tuvo una serie de problemas, fue muy dependiente de recursos gubernamentales y esa fuente de recursos comenzó a agotarse. Había una serie de cuestiones internas, de gobierno y consejo envejecidos. Eso acabó reflejándose en la propia institución y en sus exposiciones. Había un público declinante, recursos menores para hacer exposiciones.
Cuando asumí el cargo, era un momento en que la Bienal estaba en una situación compleja. Tenía un déficit de caja grande, una cierta deuda (alrededor de cuatro millones de dólares), el presupuesto de la Bienal anterior había sido de unos diez millones, muy pequeño para una muestra relevante, de alcance global. Y tenía indefiniciones: ¿debía ser postergada la edición de la Bienal? Se llegó a hablar de la posible nacionalización de la Bienal. Asumimos, miramos aquel escenario y de hecho, había una situación financiera complicada, pero una institución con esa trayectoria, con esa importancia, no solamente en Brasil, sino en un contexto internacional, con esa capacidad de repercusión e impacto, es una institución con gran potencial. Ofrece muchas posibilidades para que la gente construya un proyecto de largo plazo y gran impacto. Imbuido de ese espíritu, asumí la fundación.
La sociedad apoyaría el proceso de revitalización de la fundación una vez que presentásemos tres condiciones: que fuésemos transparentes, que tuviésemos un plano claramente definido y que tuviese sentido y que estableciésemos un diálogo con toda la sociedad en sus diversos segmentos –gobierno, prensa, artistas, galerías, patrocinadores, críticos. Fue eso lo que hice cuando asumí el cargo.
D / ¿Cuál fue la estrategia para colocar de pie, en apenas un año, la 29 Bienal?
HM / Era muy importante realizar la 29 Bienal en plazo. Porque la Bienal es solo Bienal en la medida en que el evento ocurre (risas). La raison d´etre de esa institución es realizar esa Bienal. Si no se hace, no está cumpliendo su papel. Y nosotros queríamos hacer no una Bienal cualquiera, sino una Bienal completa, internacional, que representase al mundo entero, que tuviese un programa educativo fuerte, que ocupase todo el Pabellón, que volviese a atraer al público en gran escala. Nosotros diseñamos un proyecto para eso y montamos un equipo curatorial completo. No eran solo los comisarios-jefes, aislados; montamos un equipo que tenía también comisarios internacionales, el comisario de diseño, la de arte-educación, el arquitecto, el productor, y así en adelante. Fue un paso con coraje, porque, cuando montamos el proyecto no teníamos la seguridad de que los recursos estarían disponibles. Al final, costó unos veinticinco millones. Y las deudas anteriores fueron pagadas.
D / ¿Cuál es el balance que puede hacer hoy de la 29 Bienal?
HM / El balance es muy positivo. Fue una Bienal muy bien recibida, sea por el público, por la crítica, o por los artistas. Y en dos grados, uno porque las personas estaban aliviadas de tener la Bienal y también porque ella fue de buena calidad. Rica en obras, encantaba al público, tenía un número muy grande de eventos asociados a ella. Fue una Bienal que tuvo una producción impecable. Nosotros abrimos en la fecha en que nos propusimos abrir. Todas las obras estaban preparadas, el catálogo estaba listo, la web, las guías digitales, los monitores estaban entrenados. Eso funcionó muy bien y hay que recordar que fue una Bienal con una cantidad récord de obras, casi 160 artistas y 800 obras. La complejidad de hacer eso es muy grande y fue hecha con un cronograma muy corto.
Desde el punto de vista curatorial, nosotros hicimos apuestas que eran importantes. Comenzando con la designación de un comisario de arte-educación (Stela Barbieri), una arquitecta de la exposición (Marta Bogéa), un diseñador (André Stolarski). Elaboramos un programa de arte-educación que es uno de los que más abarcan de los realizados e implicó a cuarenta mil profesores y casi trescientas mil personas; fueron doscientos sesenta mil alumnos. Se extendió por un período largo, comenzó en marzo con la formación de profesores, después eso fue llevado por los profesores a las aulas, culminando en la visita a la Bienal.
Desde el punto de vista arquitectónico, conseguimos integrar de una forma muy buena la arquitectura de exposición y la arquitectura a la exposición… Teníamos un planeamiento del espacio expositivo muy contundente, muy rico, provocativo, que creaba diversos caminos, lo que hacía que la exposición fuese intrigante y creo que fue un elemento sentido. Esa Bienal va a ser recordada por la riqueza arquitectónica del Pabellón.
Y, por fin, otro elemento distintivo importante fueron los eventos. Se creo una programación de eventos extensísima alrededor de la Bienal. Incluso comenzó mucho antes de la Bienal, en el Teatro de Arena (en la región central de São Paulo), con las presentaciones de los artistas y de las conferencias. A lo largo de la Bienal, todos los días, había seis, ocho eventos en el Pabellón, entre performances, conferencias, seminarios, debates, presentaciones de vídeo, danza. Fue una cosa muy bonita y sirvieron como nexo de unión entre las artes plásticas y las otras modalidades de arte y el público. Esa solución fue muy positiva, tanto que el público de estas fue creciendo a lo largo de la muestra, una señal muy importante.
El último punto que resaltaría fue la vuelta del público internacional. Esa Bienal tuvo enormes visitas de extranjeros. En la noche de apertura tuvimos un público de dos mil visitantes, un récord para ese tipo de público. Había directores de museos, consejeros de museos, coleccionistas, artistas. Y São Paulo, aquella semana, volvió a ser capital de arte contemporáneo en el mundo.
*Texto completo en Dardo magazine_architecture and design 18.











