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DANIEL ROESLER
Mario Gioia
Integrante del equipo de Nara Roesler desde 2000, Daniel Roesler es hoy uno de los principales nombres del circuito del arte brasileño, al frente de la galería que tiene los derechos de Hélio Oiticica (1937-1980) y otros treinta y nueve artistas, una extensa lista que reúne a consagrados como Abraham Palatnik y Tomie Ohtake a jóvenes como Alice Miceli y Rodolpho Parigi.
Formado en ingeniería de producción por la USP (Universidade de São Paulo), la principal universidad brasileña, y con un MBA otorgado por la Universidad de Columbia, de Nueva York, Roesler unió su talento en el mercado financiero-empresarial con la afinidad por el arte contemporáneo. Tal habilidad fue iniciada desde muy pronto, cuando frecuentaba las reuniones promovidas por su madre, Nara, con importantes artistas, críticos y coleccionistas, normalmente en la residencia de confortables dimensiones situada en Morumbi, barrio noble de São Paulo. En la entrevista para DARDO, Roesler comenta el buen momento del arte brasileiro en el exterior, critica la fragilidad institucional de museos y centros de arte públicos en Brasil y reclama la creación de un espacio exclusivo para exhibir la obra de Oiticica en el país.
DARDO / ¿Cómo comenzó a trabajar en el mercado del arte?
Daniel Roesler / Informalmente, pasé mi vida entera en el mercado del arte. Desde la infancia, cuando tenía cuatro años de edad, Nara Roesler trabajaba en ese mercado. Crecí en una casa en la que estábamos siempre conviviendo con la realidad de una galería, con artistas, críticos y coleccionistas. Tardé, eso sí, algún tiempo en envolverme profesionalmente en el área. Eso ocurriría en el 2000. En la facultad, haciendo ingeniería de producción en la Politécnica de la USP, utilizaba lo que aprendía ahí para ayudar a la galería. La galería no es solo escoger artistas, es una empresa, con sus dificultades y cosas que deben ser mejoradas, tiene que ser administrada. Terminada la facultad, tuve una carrera corta como empresario, en otros ramos, con mi hermano, Bernardo, en tecnología y también experiencia en el mercado financiero. Montábamos empresas y después las vendíamos. En uno de esos momentos post-venta, vine a la galería y me fui quedando. Me fui enganchando y consideré que debería dedicarme a ello integralmente.
D / ¿Y su experiencia en Nueva York?
DR / Fui a Columbia a hacer un MBA, estudiando finanzas, economía, como una prueba por si quería volver al mercado laboral. Me quedé un año y ocho meses allí. Estaba cerca de los museos y las galerías. Incluso dentro de la universidad, estudiando intensamente, me pasaba mucho rato pensando en la galería, en cómo mejorarla. Y allí en Columbia, como parte de la cultura norteamericana, están los clubes. Me hice presidente del club de artes y empecé a organizar visitas a galerías, talleres y colecciones con los alumnos que querían ese tipo de cosas. Terminado el MBA, en 2002, mi madre me llamó para ser su socio. Me quedé todavía algún tiempo en la ciudad, con una beca en el New Museum, y volví, en junio de 2003.
D / ¿Usted comenzó en la galería cuidando del sector internacional?
DR / Sí, comandaba ese segmento y también la propia administración de la galería. Uno de los brazos era el Roesler Hotel. Otro era llevar a los brasileños a las ferias del exterior. Sentía una falta de lo contrario, de que nombres de fuera vinieran aquí. Los artistas no serían representados. Ellos no solamente traerían las obras, pasarían algún tiempo aquí y producirían obras en Brasil. Una idea de contaminación de experiencias, de cómo pueden ser propagadas. Además de la exposición, siempre había mesas redondas, con los artistas y críticos. Vinieron en ese momento nombres como Rosario López Parra, Susan Turcot, Máximo González, Martin & Sicilia, Daniel Malhão o Jonathan Hernández. En este año tendremos exposiciones de Paul Ramirez Jonas y Melanie Smith. Comisarios de fuera también hicieron muestras aquí, como José Roca, que hoy es comisaro de la Bienal del Mercosur y Victoria Noorthoorn, actualmente al frente de la Bienal de Lyon. Pienso que estas exposiciones de aquí han dado suerte a los comisarios (risas).
D / Desde el año 2000, usted considera que efectivamente el arte brasileiro pasa hoy por un buen momento en el ámbito internacional.
DR / Es un proceso lento pero perceptible. Está dando resultados. Diez años atrás, no se conocía nada. Hoy se conoce un poco (risas). Aún existe un camino grande hacia delante. De ahí hasta aquí ocurrieron cosas increíbles. Las exposiciones de Hélio Oiticica y Cildo Meireles en la Tate, Mira Schendel en el MOMA, ahora en agosto tendremos a Carlito Carvalhosa en el MOMA también. Lygia Pape tiene ahora una gran individual en el Reina Sofía. Varios museos de diversos países comprarán obras de artistas brasileiros y mostrarán sus obras. Pero eso es fruto de mucho trabajo. Se habla de que Brasil está de moda, pero llevamos muchos años en esa camino.
D / ¿Y España tiene un papel fuerte en esa resonancia internacional?
DR / Ciertamente. Cao Guimarães, por ejemplo, tuvo su primera individual en el extranjero en España, en Burgos, en un centro de arte contemporáneo muy bonito. Anteriormente, ya había exhibido un proyecto especial en ARCO, lo que provocó el interés.
*Texto completo en Dardo magazine_architecture and design 18.











