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Historia, realidad y arte contemporáneo, en la Bienal de Berlín
David Garabal
Hasta el 8 de agosto puede visitarse la Bienal de Berlín 2010, una cita que promueve a artistas jóvenes en una de las capitales europeas más activas, una iniciativa del centro cultural Berlin Kunst-Werke. Una excelente manera para mirar la realidad a través de la óptica del arte contemporáneo.
Bienvenidas sean esas obras de arte que llevan historia y realidad implícitas, que iluminan un tiempo, una sociedad, un movimiento. Modos de ver cada vez más alejados de cualquier concepto cultural. ¿Qué es la realidad?, ¿qué es el realismo? y ¿cómo se relacionan entre sí? Preguntas como estas jalonan la línea expositiva de la sexta bienal de Berlín comisariada por Katherin Rhomberg. De entre lo más significativo, debemos destacar el nuevo espacio de Oranienplatz, en el popular barrio de Kreuzberg, un viejo edificio que se encuentra en paupérrimo estado y que sirve de escenario para el cuerpo central de la bienal (sustituye a la Neue Nationalgalerie, hito de la arquitectura moderna, espacio que acogió la espléndida edición de 2008).
Los aficionados a la pintura deberán esperar otro momento. En esta bienal de Rhomberg no hay un solo cuadro y se imponen los trabajos en vídeo, que constituyen la mitad de los trabajos aquí expuestos. Merece la pena detenerse a ver el trabajo de Phil Collins con su satírica revisión del comunismo, el del argelino Mohamed Bourouissa, que intercambia vídeos tomados con el teléfono móvil de una cárcel a otra, o el israelí Avi Mograbi, con su denuncia de las inquebrantables y a menudo desaforadas armas de represión del ejército israelí. Es posible que algunas de las obras expuestas estén maniatadas por el documentalismo y la política, o puede que la línea argumental de la bienal se pierda por el camino, pero eso es algo que debe decidir cada persona que visite la muestra berlinesa.












