
Huir del efecto. Sergio Prego lo ha vuelto a hacer.
Ángel Calvo Ulloa
Sergio Prego expone hasta el 14 de enero en la galería Soledad Lorenzo. Su propuesta invade el espacio con una estructura neumática preso-estática que recuerda a los proyectos que en 2010 desarrolló en el MUSAC dentro del Primer Proforma y en Art Unlimited 2009 de Art Basel.
Una de las obras más impactantes que –por supuesto no desde una óptica efectista- nos regaló ARCO en 2011 fue sin duda el muro que bajo el título secuencia-miembro-tronco cubrió Sergio Prego con decenas de instantáneas de un nuevo salto detenido. Junto con las recias molduras que enmarcaban las fotografías, la galería Soledad Lorenzo incluía un video que reproducía las imágenes acompañadas de un sonido que recordaba su proceso mecánico.
Con un montaje austero y sin mayores pretensiones que figurar por méritos propios, Prego volvió a emocionar. El hierro de los marcos que recogían las imágenes recalcaba la firmeza de su trabajo, el pequeño plasma que reproducía el vídeo, su autonomía lejos de los grandes artificios.
Para terminar el 2011, la galería Soledad Lorenzo ha programado su tercera muestra individual del creador vasco. En esta ocasión Prego se ha lanzado de lleno al campo del artificio con el que ya ha trabajado en más ocasiones. Sin embargo, su artificio sigue mostrando una pretendida austeridad con la que logra impactar, aunque nunca de forma gratuita. De este modo, en pleno 2012, logra remitir a Kaprow antes que a Kapoor –como destaca Elena Vozmediano en El Cultural 22/12/2011- y nos habla de unas pretensiones más experimentales que efectistas. Por eso, llenar la galería con un gran globo neumático de 40 metros de longitud y 16 de diámetro no busca la exactitud en las formas, se adapta como puede al espacio y genera un nuevo lugar que sucede de manera temporal al preexistente. Su intervención no oculta el boceto, recuerda a los primeros drawing restraints de Matthew Barney, a esos ejercicios que desembocaron en un universo propio e impoluto, pero que a priori desvelaban el método.
Sergio Prego expone la idea y su dificultad. De ese modo sus acabados no son limpios, porque no es un decorado, es la obra. Entramos en su interior y la oímos respirar, la atmósfera se vuelve densa y el espacio se difumina ante nuestros ojos. Subimos las escaleras y vemos los pliegues de la estructura, no hay trampa. Cuesta creer para cualquier viandante que en el bajo del número 5 de la calle de Orfila, en el centro de Madrid, tengamos la posibilidad de sentirnos, durante al menos unos minutos, lejos de la vorágine que la ciudad representa.
La exposición incluye también un grupo escultórico realizado sobre figuras de soldados e indios de plástico y que representan los Estudios para permutaciones Bug, las maquetas que han dado como origen el video presentado en ARCO,11.
Se trataba de no pasar desapercibido, de ir más allá de lo anecdótico y de mantenerse en el lugar en el que su trabajo lo ha situado. La cuestión era mostrarse fresco, pero sin alejarse del origen, hablando más de Rothko que de Eliasson, generando un espacio sin artificios, pero de manera efectiva y Sergio Prego lo ha vuelto a hacer.












