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Grazia Toderi: Urbi et orbi
Ángel Calvo Ulloa
Hasta el 31 de octubre podemos adentrarnos en el evasivo rincón en el que la italiana Grazia Toderi ha convertido las inmensas salas de Serralves. Algunos de sus últimos trabajos se dan cita en esta muestra, la primera individual que Toderi realiza en Portugal, en la que mediante un absorbente montaje conseguimos, aunque solo sea durante unos minutos, observar el mundo que ella ha filmado y con respecto al cual nos podemos sentir completamente ajenos.
Desde que en 1993 Grazia Toderi irrumpió en la Bienal de Venecia, su carrera se ha convertido en un constante ir y venir de las citas más importantes del arte mundial. Actualmente, y tras haber asistido en otras dos ocasiones a la ineludible convocatoria veneciana, incluida la última, se ha confirmardo como uno de los exponentes más importantes del vídeo-arte actual.
Para la Fundación Serralves, el trabajo de Toderi ya valió en el 2001 su inclusión dentro de la muestra [squatters] en la que, bajo el techo de la casa modernista, compartió las estancias con autores como Francis Alÿs, Urs Fischer, Johannes Kahrs o Massimo Bartolini. Ahora, casi una década después, ha ocupado una buena parte del museo con algunas de sus últimas propuestas.
Cuando el pasado año Orhan Pamuk visitó la Bienal de Venecia, comparó su sensación frente a la obra de Toderi con la de ver el futuro del mundo desde un punto seguro del espacio exterior.
Serralves muestra en esta exposición varios de los trabajos que han ocupado la labor productiva de la artista italiana en los últimos años y el efecto que en Venecia surtió para Pamuk Orbite Rosse no podría haber sido más acertado. Sus sensaciones sin duda se corresponden con ese modo de observar, desde muy lejos, un mundo en constante cambio. Las imágenes que Toderi nos muestra inundan todo nuestro campo de visión sin que podamos evadirnos de esa nueva realidad a la que ha condenado a cada estancia. Ya no penetramos en frías salas de museo, entramos, como en su obra Planeta (2001), en un planetario desde el que observamos un medio desconocido para nosotros. Sin embargo, el medio elegido ahora dista mucho de ser ese espacio incógnito. Toderi ha trabajado sobre panorámicas nocturnas tomadas de Roma, Florencia y Londres y ha logrado que nos entreguemos a ellas. Ha trabajado sobre la idea de Babel, Rosso Babel (2006), y a esa iluminación nocturna de las grandes urbes ha incorporado el estado de desconcierto y, así mismo, el afán que ha llevado al ser humano a crear hasta la actualidad grandes torres que buscan arañar la atmósfera. Babel como ejemplo de ambición y caos.
Así, convierte en ininteligibles unas imágenes que a priori podrían resultar cotidianas pero que son llevadas a un plano desconcertante mediante reflejos, cambios de ritmo y repeticiones en bucle. Por otra parte, el tratamiento de estas vistas nos acerca mediante sus tonalidades y veladuras a las técnicas pictóricas con las que a modo de planos telescópicos insiste en esa desconcertante intención. Todo lo que nos rodea se ha convertido en un lugar inhóspito y Grazia Toderi busca arrancarnos todo vínculo afectivo con nuestro medio.












