DEVENIR PRENATAL. Aforismos para una pintura que todavía se está haciendo

Daniel Verbis

Así fue como tus ojos penetraron en el fondo de mi corazón, Daniel Verbis 2009. (Cortesía: Galería Max Estrella)
14/07/2011

Se empieza a pintar cuando se comprende que la pintura reinventa la complejidad de la vida. Se empieza a pintar cuando se renuncia a la posibilidad de ilustrar o a la tentación de instruir.
En la fisura de la cultura contemporánea la pintura debe restituir en el cuadro el terreno baldío que ha dejado por un lado la descontextualización del objeto como hecho artístico, por otro, la excesiva virtualidad de cualquier aprendizaje visual en la actualidad. La pintura debe recuperar la ausencia de objetivo inmediato, debe recuperar, finalmente, la sensación de vértigo.


La pintura que destituye el ornamento se convierte en un escudo al que se le ha borrado cualquier inscripción, cualquier emblema. Coraza pulida, sol negro, agujero incierto, reflejo. Hasta el pozo más profundo esconde un espejo: el éter obsceno de la mueca luminiscente. Nos asomamos a un abismo sin saber si nos rendiremos al impulso irresistible de saltar. Calculamos la profundidad tirando piedras y nos imaginamos chapoteando en medio de la noche sin poder escapar.
El arte ha llegado a un punto sin retorno para el que la pintura no tiene curación.
Obra de arte. Fetiche. Posesión imposible, cualquier obra de arte es parte de la experiencia total que se nos niega.
Voy dando vueltas, voy girando. Busco un leit motiv. Estoy perdido, me siento huérfano y entonces voy y registro algún tipo de energía corporal. La idea huye y la pintura aparece.
El plus de verdad es la carta de presentación de la pintura. Este registro de fidelidad la justifica al tiempo que sacraliza (o demoniza) a su autor (da lo mismo). Si la barrera de la tecnología virtual es la nueva religión que nos hemos inventado para no enfrentarnos a lo real, la condición fenomenal es la única recomendación factible en esta carrera en pos de lo meta-material.
La pintura destituida del cuadro ha sido restituida permanentemente en cualquier otro formato, rehabilitada de su pecado original es lógico que ahora atesore lo ganado en el exilio.
La pintura es el estadio anterior a la perfección pues la perfección es siempre una manifestación que no se puede matizar. La perfección es monocroma, artificial, celestial, en esencia un ideal.
La pintura moribunda es patética o estética. De momento, aunque sea bajo el régimen autoritario de la indiferencia o la polémica de su vigencia, no renuncio a promover una posición ética. El mecanismo consiste en sustraer la pintura de su presente, incorporarla en un futuro hipotético y ver si puede anexarse a la cadena histórica siguiendo una lógica cultural.
El paso inmediato es hacer de la pintura un espejismo de la inscripción material del cuerpo, de su dinamismo orgánico, de su agitación. Esta pintura carnal podemos suscitarla fundamentalmente a través de una pintura-objeto-sexual. Descartando, claro, que su razón de ser sea el acto masculino que conforma lo femenino, el acto que esclarece lo femenino determinándolo, pero descartando también el auspicio de la corrección sociopolítica habitual hoy en día. En esta pintura-objeto la sexualidad genérica se convierte en sexualidad estética, generativa, formativa, genital.
La belleza soliviantada es la virtud de la pintura real.
Exposición de cuadros que exceden a la propia pintura porque en estos cuadros la pintura se columpia en planos superpuestos. Entre la pintura-cultura (la película) y la arquitectura-estructura (la galería) el cuadro hace de nexo.
En cierto modo soy esquivo no tanto por pedantería como por pudor, por miedo a ser conocido, por miedo a conocerme.
La pintura se asoma. Pintura-ventana. Pintura-vértigo.
La pintura es soma. Pintura-cuerpo. Pintura-huevo.
Pintamos lo real y por eso se ven las costuras. Se ven las costuras porque lo real de la pintura añade a la imagen visual un sustrato fantasmal. La obra de arte es la suma de la imagen más la ocultación del procedimiento o su manifestación intolerable.
Cuadro dentro del cuadro, pero esto no es nuevo.
El bastidor es un esqueleto que representa la tramoya escénica que sustenta el teatro del deseo, el continente despojado de contenido, el vacío que hay que rellenar, la arquitectura que organiza la fantasía, la pesadilla, el sueño.
De esta pintura se puede decir que es trinitaria, trifásica, ternaria.
Esta pintura no concreta imágenes de las cosas que uno quisiera ver. Retrata la ilusión de lo que está en formación. Una visión anterior a la descodificación, una visión anterior a la figuración. Continuidad gráfica que traza los movimientos orgánicos del cuerpo. El acontecimiento fisiológico de la visión es proyectado. La fenomenología busca su caparazón. La pretecnología busca su corazón. Esta pintura dibuja ondas porque éstas se asocian al efecto de la visión, a su poder hipnótico, a su determinación, a su afección. Dibuja espirales porque éstas nos conducen a un abismo sin conciencia que nos permite pintar el efecto físico de la emisión. La onda expansiva representa esquemáticamente la cautivación de la mirada y la mirada cautivada, una alusión gráfica a algo que se nos antoja imposible ilustrar.
La onda tiene el efecto del rayo pero alcanza su objetivo más lentamente.
El poder ocular es una prerrogativa de los superhéroes que normalmente se representa con la forma de un rayo destructor o paralizante. Los héroes lanzan rayos a diestro y siniestro, pero si recordamos que el ojo es una cámara oscura que invierte la imagen exterior, salvo que el héroe esté ciego, la visión misma del rayo viajará de vuelta al interior de los ojos y producirá en el emisor un efecto simétrico. El ojo será cegado por su propio resplandor y el héroe quedará paralizado o destruido.
El objeto penetrante es penetrado, el cazador cazado, el seductor seducido. Podemos concluir que el ojo no tiene sexo porque el origen del sexo está en el ojo mismo (hermafroditismo ocular, ovular, celular).
El autor no está hecho, se va haciendo. La pintura aflora cuando el pintor es destituido.
La forma ondulante sensualiza la visión. Certifica la movilidad natural de la visión. La forma ondulante refleja inestabilidad en la fijeza de la imagen pintada, dificulta la pintura y convierte el proceso en un ejercicio artificial. La forma ondulante es una especie de esquema del hecho de ver, entendiendo el esquema como un “procedimiento universal de la imaginación para suministrar a un concepto su propia imagen” (Kant).
El ojo es un escudo pues a veces no vemos, o no queremos ver lo evidente.
“Y es verdad que toda idea hace de nosotros larvas que han parido la identidad del Yo como la semejanza del yo. Lo que expresamos mal cuando se habla de regresión, de fijación o de detención del desarrollo. Pues no estamos fijados a un estado o a un momento, sino siempre fijados a una Idea como por el resplandor de una mirada, siempre fijados al movimiento en vías de hacerse”. (Gilles Deleuze, Diferencia y repetición).
Plasticidad, metamorfosis, transformación… la pintura sella el tiempo.
Toda pintura es una especie de reválida del proceso de formación de una imagen, su encarnadura. Se suspende la búsqueda porque se encuentra el cuerpo. La pintura se hace de restos.
Por más que uno quiera deshacerla, la pintura finalmente se concentra, es oclusiva. ¡Qué desconsuelo! ¡Qué difícil dar en el clavo! Con ella nunca se acierta a la primera. La inmediatez es un mito.
La pintura tercia en el albero cuando el rojo mira al cielo (azul).
El arte gusta, empatiza, conmueve independientemente de su comprensión. La pregunta es: ¿puede gustar algo que no se entienda? Yo diría que no. Entonces ¿cómo explicar esta inconsistencia inherente al hecho artístico? Solo barajo una respuesta: El objeto artístico abre una ranura por donde nuestro conocimiento penetra en lo desconocido.
Cuando el estilo se impone el tema desaparece. Llegado ese momento, el momento en que el estilo se torna refugio, solo cabe amotinarse. Solo cabe una revolución.
Me interesa el arte que no está corrompido por las ideas porque busco un mínimo de honestidad. Curiosamente lo interesante ha dejado de interesarme. Las artes plásticas se inscriben en un espacio y en un tiempo, eso es su contexto, pero creo que el arte debe reponerse de ese contexto. De alguna manera debe situarse a otro nivel. Si aceptamos que el problema básico de las artes plásticas es su compresión del espacio, que ese es realmente su problema, si aceptamos, provisionalmente, dejar de lado el aspecto espacial, como si fuera una competencia exclusiva del artista, cabe preguntarse si el tiempo no es una característica tangencial de las artes plásticas, es decir, si el juicio de las artes plásticas debe ir más allá de su contexto temporal. Hagámonos siempre esta pregunta. ¿Tal o cual obra de arte será interesante dentro de uno, cinco, diez años…? O al revés, preguntémonos que significaría decir de Velázquez o Picasso que son artistas interesantes.
La dificultad es conseguir que el detalle se incorpore sumisamente a la visión global del cuadro. La dificultad es que el detalle haga cuerpo en la pintura, con la pintura, que sea pintura. La dificultad es que el detalle se manifieste sin perturbar, sin empalagar, sin incomodar. Que su significado quede suscrito y no descrito.

 

 

(Texto completo em Dardo magazine 18)

Dardo · Rúa Severino Riveiro Tomé 3, bajo · 15702 Santiago de Compostela · T. +34 881 976 986 ·